SENTENCIA DE «LA MANADA», NI RESPETO NI COMPARTO

Nuestro país, a pesar de los importantes cambios en la percepción social del machismo y de la violencia contra las mujeres, acompañados de reformas legislativas muy positivas, todavía conserva profundos rasgos de incomprensión sobre lo que representa la violencia de genero. Y si es así en general, no es raro que haya jueces como los que han dictado la sentencia del llamado caso “La Manada”.
La violación en grupo ocurrida en Navarra, es la punta del iceberg de frecuentes agresiones que han sufrido y sufren miles de mujeres al cabo del año, sin que sepamos de manera certera cuantas de ellas se denuncian posteriormente. Agresiones en el hogar, en el trabajo, en fiestas, en locales de diversión o en portales, calles y jardines por la noche. Su gravedad y frecuencia, requieren una mayor contundencia en la represión de las mismas.
Necesidad de un castigo ejemplarizante
El caso de “La manada”, debería haber servido de escarmiento ejemplar. Es evidente que los jueces no pueden ir mas allá de lo que establece el Código Penal, pero tampoco hacer la lectura mas benevolente de las posibles.
También es cierto que los procedimientos penales en materia de delitos sexuales contra la mujer a veces son complejos a la hora de demostrar con absoluta precisión los hechos, por ausencia de pruebas categóricas. No era este el caso de “La manada”, donde los propios delincuentes habían grabado su actuación. ¿qué más querían los jueces para probar la agresión y violación? ¿un cuerpo lleno de moratones? ¿una cuchillada? ¿un internamiento posterior de la víctima en un centro psiquiátrico por el trauma sufrido? ¿que la mujer se hubiera liado a puñetazos con cinco hombres?

Está claro que estos jueces y otros que han sido benévolos con procesos de violencia de género, no conocen ni remotamente lo que es una agresión sexual o una violación. Porque si no resulta inexplicable una redacción de los hechos probados como los de esta sentencia y una tipificación “light” del delito. Ya que afortunadamente ningún hombre juez va a pasar en su vida por un trance semejante, al menos sería exigible que tengan cabal conocimiento de lo que supone una agresión sexual y una violación, y encima en grupo.
Educar en la igualdad desde la infancia
Y aquí topamos con la educación. En el colegio desde la niñez, en la universidad, en las escuelas de prácticas jurídicas. Los jueces, al igual que el resto de la población, deben ser educados en el rechazo, la prevención, y la represión de la violencia de genero.
Esos niños que en el cole ven la discriminación, las actitudes machistas, incluso las agresiones a sus compañeras (o a personas LGTB), que en las discotecas encuentran como normales actitudes de acoso, que en la publicidad y en los medios audiovisuales es frecuente la exaltación del machismo y de la “conquista” de la mujer, que se alardea en el trabajo de los “polvos conseguidos” o de lo “fácil” que es tal o cual compañera….cuando llegan a jueces están impregnados de una mentalidad profundamente machista.
La educación en la igualdad y en el respeto, es la única garantía de que se vayan erradicando paulatinamente actitudes violentas contra las mujeres y que los jueces encargados de juzgarlas no incurran en tolerancia o benevolencia.
Y en lo que

respecta al juez que formuló un voto particular solicitando la absolución, si el Consejo del Poder Judicial debería iniciar de inmediato un expediente disciplinario contra él, con un resultado de inhabilitación, porque, además, es imprescindible, una respuesta ejemplarizante para evitar que otros jueces vayan por el mismo camino.
La sentencia tiene que ser revocada
Debemos esperar la revocación de la sentencia por el Tribunal Superior de Justicia de Navarra o en su caso por el Tribunal Supremo. Y los Jueces de vigilancia penitenciaria tendrían que ser muy estrictos con estos cinco delincuentes, para evitar que, dentro de unos meses, acogiéndose a la legislación penitenciaria, empiece a salir a la calle con permisos.
Por su parte el Fiscal General del Estado, en línea con la actitud tomada por la fiscalía en el caso de “La manada”, debería continuar siendo muy firmes en la calificación de los delitos y en la petición de condenas. Solo con una respuesta contundente desde los poderes públicos, desde las fuerzas de orden público, los jueces instructores, la fiscalía y los tribunales, se podrá acabar con esa lacra social de la violencia de genero en sus diversas manifestaciones.
La inmediata respuesta social de repulsa por la sentencia que se ha producido en muchas calles de nuestro país es muy satisfactoria, aunque haya sido protagonizada muy mayoritariamente por mujeres.
La educación de niños, jóvenes y adultos, por supuesto que es básico y primordial, pero castigo sin benevolencia cuando se cometen delitos.
Y no estaría mal que salieran los dirigentes políticos manifestando su rechazo a la sentencia y en este caso sin el consabido estribillo de “respeto, pero no comparto”. Yo desde luego ni la respeto ni la comparto.