BOB DYLAN VUELVE A ROMPER MOLDES

HectorMaravall HectorMaravall
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Publicado en CATEGORÍA:   Música y Cultura.
  28 marzo, 2020.
HectorMaravall ha escrito 117 entradas.

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En sus ya casi 60 años de trayectoria artística, Bob Dylan nos tiene acostumbrados a provocar frecuentes controversias.

Lo hizo cuando apareció en el Greenwich Village de New York a principios de los 60, con sus brillantes e innovadoras canciones protesta, que se convirtieron en símbolos para varias generaciones. Lo volvió a hacer cuando electrificó su música en su aparición en el Festival de Newport en 1965, provocando una enorme escandalera, empezando por la irascible reacción de Pete Seeger. Dejó asombrados a todos los seguidores de la música juvenil con la publicación de dos extraordinarios discos, “Highway 61 Revisited” y sobre todo “Blonde on Blonde”, y dos canciones inclasificables para aquellos tiempos, “Like a Rolling Stone” y “Sad eyed lady of the lowlands”; grabaciones que dieron paso al revolucionario cambio en la música de The Beatles y The Beach Boys. Descolocó a todos sus apasionados seguidores, cuando tras su gravísimo accidente de moto, su música se empapó de “country”, con dos bellísimos discos, “John Wesley Harding” y “Nashville skyline”. Escandalizó a sus progresistas admiradores, cuando abandonó su perfil judío y abrazó el cristianismo con un evidente toque tradicional. Provocó duras criticas cuando ya en el presente siglo grabó canciones navideñas y canciones de Frank Sinatra…Y podríamos seguir y seguir.

El imprevisible, el inclasificable, el inagotable, el incansable Dylan, ha hecho siempre lo que le ha dado la gana y nunca lo que se esperaba de él, o lo que el publico o sus seguidores le pedían.

Y ahora ha vuelto a dar la campanada con la publicación de “Murder must foul”. Una canción de casi 17 minutos, que desde el primer momento ha levantado fuertes polémicas y que en mi modesta opinión (sin duda influida por mi incontenible pasión por Dylan, mantenida desde que le oí por primera vez en 1964) es una de sus mejores composiciones.

Tomando como referencia el asesinato del presidente Kennedy en Dallas el 22 de noviembre de 1963, Dylan realiza su canción más política desde los años 70, con aquellas joyas que fueron “George Jackson” y “Hurricane”. Una canción tremendamente dura con quienes promovieron e indujeron el asesinato de Kennedy y quienes se aprovecharon de él, una firme denuncia de las consecuencias que ello tuvo en la evolución de la sociedad norteamericana.

Pero más allá de su contenido político, “Murder must found” es quizás una especie de declaración-testimonio e incluso testamento. A lo largo de la canción van apareciendo de forma explícita lo que pudiéramos considerar los gustos e influencias musicales de Dylan, con una especial y sorprendente presencia de los grandes artistas de jazz de los años 50 y 60, de los viejos bluesman, de Patsy Cline, de Nat King Cole, de miembros de The Who, The Fleetwod Mac, The Eagles, The Band, The Beach Boys, The Dubliners, por supuesto The Beatles. Referencias a grandes standars de la música popular norteamericana y del pop y del rock, desde “The street were you live” (de “My Fair Lady”), hasta “Tommy” de la opera rock de The Who o la maravillosa canción “Dont let me be misunderstood” que llevaron a la fama Nina Simone y The Animals, “Ferry Cross the Mersey” de Gerry and Pacemakers, “Anything goes” de Cole Porter, “Pretty boy Floyd” de Woody Guthrie, “Down in the boondocks” de Joe South y hasta las Sinfonías 6 y 9 de Beethoven.

Es curioso que en el amplio y diverso recorrido por músicos anglosajones no se incluya ninguna referencia a sus compañeros de la música protesta, Peter, Paul & Mary, Phil Ochs, Tom Paxton, Pete Seeger, Ramblin Jack Elliott, Joan Baez…

Y junto a la música, el cine. Desde Marylin Monroe (tan ligada a Kennedy), a Harold Lloyd o Búster Keaton. Y no podían faltar “Macbeth” y el “Mercader de Venecia”, recuerdos de Shakespeare (tan presente en la obra de Dylan, en especial en los años 60).

Supongo que la letra de la canción dará mucho juego a los innumerables exegetas, críticos y seguidores de Dylan, que durante largo tiempo bucearan en sus significados, sus presencias y sus ausencias.

 ¿Y qué decir de la música? La voz de Dylan, que a mi me sigue gustando y fascinando a sus casi 79 años, canta y recita, con una entonación y fuerza mucho mejor que sus discos de los últimos diez años; recordando en algún momento los últimos discos que grabó Leonard Cohen antes de morir. La voz de Dylan esta apoyada en todo momento por el piano y el violín y la suave presencia de la batería y platillos. No sé quiénes son los músicos que le acompañan, pero los considero magníficos. El desarrollo musical de esta canción me recuerda, salvando grandes distancias estilísticas, a uno de los discos referenciales del jazz más innovador de los años 60, “Karma” de Pharoah Sanders, que en su día levantó grandes polémicas y hoy es considerado una obra maestra.     

Dylan ha vuelto a sorprendernos, reflejando nuevamente que es el musico más relevante de los últimos 60 años y que a pesar de las feroces críticas que en su día sufrió por la concesión del Premio Nobel de Literatura, su obra es una de las grandes referencias de la cultura de la edad contemporánea.

 

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