CCOO Y UGT ANTE UNA HUELGA GENERAL, IMPULSADA POR OTROS
CCOO Y UGT ANTE UNA HUELGA GENERAL, IMPULSADA POR OTROS.

Como es sabido, el movimiento obrero a lo largo de su historia ha tenido como instrumentos para avanzar en sus reivindicaciones o para defenderse de agresiones a sus conquistas, la movilización en los centros de trabajo y en las calles. Es decir las huelgas y las manifestaciones, siendo la “huelga general” el peldaño más alto en una sociedad democrática.
En el periodo inmediatamente anterior a la consecución de nuestra democracia, fueran numerosas e importantes tanto las manifestaciones como las huelgas, contribuyendo de manera decisiva a la superación de la dictadura franquista. Ya en democracia se han sucedido manifestaciones y huelgas. Algunas de carácter general, muy en especial la de diciembre de 1988, fueron un éxito rotundo, otras no tanto y hubo también las que constituyeron un claro fracaso.
A este respecto hay que tener muy en cuenta que la participación en una huelga siempre tiene un coste para los trabajadores. Coste económico e incluso riesgos de sanción laboral. Lo que no sucede para quienes no están trabajando, aunque estén de acuerdo con la huelga, o participen en manifestaciones u otros actos de apoyo.
El éxito de una huelga, máxime si es de carácter general, esta muy relacionado con la claridad de sus objetivos y que estos sean compartidos por una mayoría de los trabajadores, por la representatividad y prestigio de quienes la convocan y organizan y desde luego por los efectos positivos que se espera que la huelga pueda lograr.
Conviene recordar que más allá de la conflictividad laboral, básicamente en el sector publico o concertado (la educación y una parte de la sanidad o del transporte), que ha ido aumentando en los últimos meses, los sindicatos de clase llevan sin convocar una huelga general desde hace 14 años (14 de noviembre de de 2012, contra las medidas de recorte del gobierno de Rajoy y coincidente con llamamientos de huelga en otros países europeos).
El seguimiento de esa última huelga, como viene siendo habitual, dio motivo a grandes discrepancias entre los organizadores (76%) y la CEOE (10%). Aunque no de forma tan intensa, también hubo serias diferencias entre lo valorado por los sindicatos y lo declarado por el Ministerio del Interior (del PP).
En todo caso si parece estar contrastado una disminución de la participación en las huelgas generales en el tiempo transcurrido del siglo XXI.
Que hayan transcurrido 14 años sin huelga general, no quiere decir que no haya habido motivos para convocarlas. Es más, diversas opiniones en el ámbito progresista se han preguntado por qué el evidente deterioro de la capacidad adquisitiva de los salarios, no ha tenido una respuesta adecuada desde el sindicalismo de clase. La derecha y también sectores de la izquierda radical, han criticado a CCOO y UGT de una pasividad, derivada de las subvenciones recibidas en especial desde los gobiernos socialistas estatal y autonómicos.
Por otra parte, el 8 de marzo de 2018 tuvo lugar una movilización social con unas características muy especiales. En primer lugar la motivación no era estrictamente laboral, sino el sumarse a una convocatoria internacional contra la violencia machista y la desigualdad de género. Este perfil de “Huelga internacional feminista”, provocó que la patronal la descalificara considerándola una huelga política. En segundo lugar la convocatoria no fue uniforme: hubo organizaciones feministas y sindicatos minoritarios y grupos radicales que llamaron a un paro general de 24 horas; a su vez CCOO y UGT convocaron paros parciales de 2 horas por la mañana y por la tarde y a la participación en manifestaciones.
Nuevamente hubo notables discrepancias en la evaluación de las huelgas y en las manifestaciones, pero en ningún caso se estimó un seguimiento importante de las huelgas.
Y ahora nos encontramos con un nuevo llamamiento de huelga general.
Su origen, como sucedió con la huelga feminista del 2018, no ha estado en el sindicalismo de clase de CCOO y UGT. Ha partido del “Sindicato de inquilinas”, auto empoderado tras la repercusión en los medios de comunicación de la acampada de algunos miles en la Puerta del Sol de Madrid y en otras ciudades de nuestro país. Declararon que ellas “en 8 días de acampada habían conseguido mas que el gobierno de coalición en 8 años”. Llamamiento a la huelga general que rápidamente fue asumido por diversas organizaciones radicales, la mayoría de ellas de dudosa fuerza organizativa. Es cierto que algunas manifestaciones, especialmente en Madrid, tuvieron una participación muy importante.
Lo sorprendente es que este llamamiento vino a coincidir en el tiempo con la disolución parlamentaria y la convocatoria de elecciones generales.
También fue sorprendente fue que tras unas dudas iniciales, CCOO y UGT se sumaron. Cuando desde algunos sectores empresariales, medios de comunicación, juristas y dirigentes de las derechas, criticaron fuertemente la llamada a la huelga, considerándola una “huelga política”, a la vez que se preguntaban contra quien iba dirigida la huelga; todo ello cuestionando la legalidad de la misma.
Las direcciones de CCOO y UGT, conscientes de que este era un flanco problemático, movieron ficha y declararon que la huelga iba más allá de la protesta por los desahucios y por la ausencia de medidas efectivas para aumentar la oferta de viviendas y abaratar sus costes. Añadieron que también llamaban a la movilización por la mejora de los salarios, condición básica para que los trabajadores pudieran acceder a la vivienda en condiciones asequibles. Y más recientemente añadieron la defensa del sistema público de pensiones. En otras palabras, “laboralizaron” los objetivos de la huelga.
Esta por ver los efectos reales que estos importantes cambios pueden tener en la movilización de los trabajadores.
La suma de CCOO y UGT a la huelga, ha sido bien valorada por las organizaciones inicialmente convocantes, pero “sin echar las campanas al vuelo” y ellas se siguen atribuyendo el protagonismo de la iniciativa. Son ya muchos años de desencuentro entre el radicalismo izquierdista y el sindicalismo de clase, al que consideran con poco espíritu de lucha y hasta colaboracionista con el gobierno de coalición. (Por cierto alguien se acuerda del “auténtico sindicalismo de clase” que iba a desarrollar PODEMOS en la pasada década y que tanto preocupó a algunos dirigentes sindicales).
Pero también llama la atención la entusiasta acogida que ha tenido en sectores de CCOO y UGT esta convocatoria. No ha habido voces discordantes, al menos que se sepa y eso que nunca hasta ahora se había producido un seguidismo tan claro a una iniciativa de marcado carácter izquierdista.
Hay quienes defienden que esta huelga, que según se dice va dirigida en primer lugar contra las derechas, va a tener efectos positivos en su derrota electoral y que un nuevo gobierno progresista, reconociendo esa inestimable ayuda para su victoria electoral, no tendrá mas remedio que afrontar importantes reformas en materia de vivienda y de otros derechos sociales.
La pregunta que nos podemos hacer es si la huelga no es tan exitosa, un escenario no descartable, quien va a pagar los platos rotos. Todo ello sin olvidar que en el proceso de convocatoria y en su propio desarrollo, se ha dicho que el PSOE y el PP son igualmente responsables de la situación actual de la vivienda. Por lo que el desgaste electoral, en su caso, no va a ser solo para la derecha, puede serlo también para la izquierda, a pesar de las actuales declaraciones electoralistas del Presidente del Gobierno y de algunos de sus ministros.
Hay que considerar el argumento de dirigentes de CCOO y UGT, de que una vez lanzada a rodar la propuesta de huelga general y más aún tras la muerte de Mari Carmen, los sindicatos de clase no podían quedarse al margen, ya que esta hubiera sido una opción no entendida por una parte de las bases sindicales y de la izquierda. Sin duda esto es cierto; pero entre quedarse al margen y sumarse entusiastas a la huelga general, había una serie de posibilidades intermedias, como las que hubo con la huelga feminista del 2018. Asambleas, concentraciones, paros parciales, en los centros de trabajo y convocatoria de grandes manifestaciones por la tarde.
Vamos a ver que pasa, pero en mi opinión, CCOO y UGT, dejándose llevar por el radicalismo de organizaciones sociales muy minoritarias, han abierto una puerta muy complicada para el futuro de las movilizaciones sindicales, tanto si sale bien como si sale regular. Todo ello por no hablar de las situaciones de tensión en las calles y en los centros de trabajo, que puedan producirse y que seguramente tendrían efectos desastrosos en los resultados electorales.
El 2 de marzo de 1974, mediante garrote vil, fue ejecutado Puig Anticha, en la prisión Modelo de Barcelona. Esa mañana Mikel Kamio y yo mismo (Perez Carrasco), llegábamos a la estación de Barcelona (Mucha policía), luego supimos por qué. Nos alojaron en un piso del Bajo Llobregat -no recuerdo la ciudad- en aquella vivienda se hacían octavillas denunciando el crimen firmadas por CCOO. La Coordinaodra Generla se reunión al día siguiente, si no recuerdo mal en un local del Tibidabo. Fue una cita de alta intensidad por la presencia de Arcadio, Macario y Tranquilino que le decían a Cipriano que no se iban e Barcelona sin la convocatoria de Huelga General.
Salimos sin la convocatoria pero CC OO llevaba tiempo trabajando por ese objetivo.
En Euskadi las organizaciones de izquierda que disputaban al PCE el liderazgo dentro de las CCOO, conformaban otras Comisiones pero controlaban las CCOO de Navarra y asistieron a esa Coordinadora (fue Ibarrola, el navarro, no el vasco)
Elos se desentendieron de la decisión de la Coordinadora General de no convocar la huelga y trabajaron duramente para conseguirla en Euskadi, lograron el apoyo del nacionalismo vasco, especialmente el de la izquierda independentista y convocaron a la Huelga General en el Pais Vasco para el 11 NOVIEMBRE 1974
La huelga fue espectacular, sorprendió a todo el mundo por el número de empresas afectadas y los trabajadores implicados. Nos sorprendió a nosotros también, cuadros y militantes comunistas que hasta ese momento habíamos sido protagonistas fundamentales en la organización y desarrollo
de las huelgas
De esto hace 52 años, lo recuerdo como si fuera hoy, y el recuerdo es de una metedura de pata descomunal por creernos que éramos poseedores de ‘la verdad del movimiento obrero’. Fue una dura lección que aprendimos. Una de sus consecuencias fue la unión de las dos ramas de CCOO, CECO y CONE. Pero esta es otra historia