EN EL RECUERDO DE ELISA MARAVALL

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Publicado en CATEGORÍA:   Recuerdos.
  12 diciembre, 2025.
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EN EL RECUERDO DE ELISA MARAVALL

 

Nunca imaginé que algún día tendría que escribir un recordatorio como este con motivo de la muerte de mi hermana Elisa.

Elisa siempre ha estado presente en mi vida durante 74 años; en la infancia y adolescencia, en los estudios, en el trabajo, en las relaciones de amistad, en la lucha política, en los viajes, en el disfrute de la música, la pintura y el arte en general, en la convivencia familiar, con los hijos…

Siempre creí que Elisa estaría cerca, que seguiríamos hablando por teléfono casi todos los días, que nos veríamos con mucha frecuencia, comiendo en su casa o de tapas en el Buendi o en los bares de su barrio, en la Zarzuela, en las exposiciones de pintura, que disfrutaríamos de su apartamento en Alcossebre…

Ya no tendremos las sobremesas en las que recordábamos tantas y tantas vivencias, los veranos en Xàtiva, las luchas en la Facultad, el trabajo en el despacho de la calle Españoleto 13, los momentos dramáticos que habíamos vivido en el duro camino a la democracia, las historias amorosas, las películas vistas, los viajes con nuestros hijos o con Elena, o con nuestra hermana Charito o las mil anécdotas de nuestra vida con unos padres a los que adorábamos y que tanto cariño y ayuda nos supieron dar.

Elisa, a veces, decía medio en broma medio en serio que ella siempre seguía los pasos de su “hermanito” . Nada más lejos de la realidad. Ella tenía una fuerte personalidad, ideas muy claras, imaginativa, fue desarrollando sus gustos y sus aficiones desde la adolescencia, asumió su militancia política y su trayectoria laboral desde sus profundas convicciones.

Le gustaba la música, desde Marisol a Bruce Springsteen y desde luego interpretarla. Mis padres la compraron una guitarra y en las comidas familiares en casa de mi abuela se subía al sillón de la entrada, cogía la guitarra y se ponía a cantar sus favoritas, “Todos los chicos y chicas“ de Françoise Hardy, “Olvidemos nuestro enfado” de Marie Laforet, o “Blanca y radiante va la novia”. Mucho después se compró sucesivamente dos pianos eléctricos e incluso tomó clases de un profesor; estudiaba con ahínco pero con escasos resultados y recordaba, con pena, lo bien que tocaba el piano nuestra madre.

Ya jubilada descubrió un coro de mayores y fue una de las grandes ilusiones de su vida, aunque se quejaba de que el repertorio era muy tradicional, música medieval y del renacimiento y le molestaba que sus amigas la dejaban sola cuando le sugería a la directora que modernizara el programa.

Era muy alegre y cantarina y cantaba haciendo la comida, en la ducha, limpiando….

Pero su mayor afición fue la pintura, siguiendo la tradición de nuestro abuelo y de mi padre. Estuvo pintando desde muy joven en un estilo muy influenciado por el impresionismo y con muy buenos resultados, aunque pasaba largos periodos sin pintar. Tenía numerosísimos libros de pintores y estilos pictóricos. No se perdía ni una sola exposición y cuando íbamos con ella, nos decía “dejadme a mi ritmo y nos vemos a la salida”. En su casa tenía, además de muchos cuadros suyos y de nuestro padre, otros cuadros modernos que compraba en la galería de su gran amiga Pilar Serra.

Y su tercera afición era el cine. Todos los fines de semana iba al cine, habitualmente al Renoir Retiro, con su grupo de amigas. Y además veía en casa, en la televisión o en sus muchos videos, las películas de toda la vida, no le importaba verlas una y otra vez.   

Le gustaban las novelas, los comics, las revistas de historia, de viajes y también el “Hola”.

Viajó mucho por Europa, África, Asia, América y claro por España. Cuando nuestros hijos fueron adolescentes, nos los llevamos a New York, a Marruecos y a Florencia y Roma. Los tres primos disfrutaron mucho, aunque los gustos de los padres y los hijos a veces no eran coincidentes. Mis hijos Javier y Juan, mi nieta Violeta y mi nuera Claudia, querían mucho  a su tía Elisa y se divertían mucho con ella.

Elisa era extremadamente generosa. Nos invitaba a comer en su casa al menos una vez al mes y nos ponía ricas comidas y bebidas, la mayoría compradas en las tiendas gourmet de su barrio. Nos invitó varias veces a su apartamento de la playa de Alcossebre, y también nos lo dejaba, primero a Elena y a mí y después fuimos Fernando y yo. Me surtía de zapatos, camisas, chaquetones, jerseys, casi diría que en los últimos 10 años prácticamente no me he comprado nada de vestir, todo eran regalos suyos. Y me regalaba libros, discos, recuerdos de sus viajes. Cuando íbamos a comer a su casa, nos volvíamos con latas, botellas, comida envasada, dulces…

Siempre tuvimos una gran complicidad. Desde la primera adolescencia íbamos juntos a los guateques con mi pandilla de la facultad, o en los veranos en Gandía o Xàtiva. Como yo era el hermano mayor, mis padres no ponían ninguna pega.  

Cuando entré en la Universidad y me politicé, Elisa fue compartiendo poco a poco ese proceso. La animé a que estudiara Derecho. Cuando ella entró en la facultad, yo estaba militando en el Frente de Liberación Popular. Me pidió libros, panfletos y publicaciones de la izquierda marxista. Empezó a ir a las asambleas y manifestaciones y terminó por entrar en el FLP, pocos meses antes de su disolución. Ella, ya cómplice en la lucha política, a menudo fue tapadera de mis actividades ante mis padres y cuando me detuvieron y encerraron por primera vez en la Cárcel de Carabanchel, en sus visitas me informaba de como iban las cosas en la facultad.

En sus dos últimos años en Derecho tuvo un papel muy activo en la lucha política, que en todo caso fue capaz de compatibilizar con un buen expediente académico.

Cuando desapareció el FLP nos integramos en el PCE (internacional), un partido prochino, donde conoció a su gran amiga Lourdes Lucia. En 1970 nos dimos de baja y entramos en el PCE, donde ya siempre mantuvo su compromiso, aunque en los últimos años estuvimos mas en la orbita de PODEMOS y después de SUMAR y con simpatías por el gobierno de coalición progresista PSOE-SUMAR.

Elisa decía que le encantaba Pedro Sánchez, por lo que hacía y “por lo guapo que era”. Porque a ella siempre le gustaron los hombres guapos, altos, con buen tipo y a ser posible de izquierdas y lo reconocía sin rodeos.

Cuando ella terminó la carrera, yo ya estaba trabajando en el despacho laboralista de Españoleto 13. Elisa ya había trabajado en el despacho de Jaime Cortezo, un abogado democristiano y después en el despacho de la Cruz con Manuela Carmena y luego en Atocha 49, iniciando una gran amistad con ella, que se ha mantenido a lo largo de los años.

 En 1972 los dos teníamos ya unos modestos ingresos y decidimos irnos de la casa de mis padres a vivir por nuestra cuenta. El disgusto de mis padres fue monumental y más aún cuando vieron el pisito que alquilamos, pequeño e interior, aunque muy cerca del despacho de Españoleto. Elisa decoró las paredes con grandes dibujos de estilo psicodélico y yo con eslogans y consignas de izquierdas. Comíamos casi todos los días arroz, o guisantes rehogados, o coliflor o ensaladas de tomate.

Al poco tiempo Elisa dejó el despacho de Atocha y se vino a Españoleto con su admirada Cristina Almeida. Allí pintó un gran cartel en la sala de espera, con la imagen de Mafalda señalando de forma imperativa “al que firme un finiquito le corto la mano”. Algo que muchos trabajadores recordaron durante muchos años. Fue una valiente y cualificada abogada laboralista y entre otros muchos juicios que ganó, ella siempre recordaba el conflicto colectivo de la empresa metalúrgica “Benito Delgado” que ganó con gran satisfacción de los trabajadores.

Elisa era muy echada para adelante. Desde muy pequeña aprendió a andar en bicicleta y la usaba mucho en nuestro secano de Xàtiva. También se montaba en la mula del casero para ir al pozo a por agua. Se subía a unas grandes higueras para coger higos. Se tiraba desde encima del muro que rodeaba la replaza de nuestra casa. Le encantaba jugar con las lombrices que mi padre usaba como cebo para pescar…Pero lo mejor era cuando se tiraba desde el altísimo trampolín olímpico de la piscina Murta de Xàtiva, previa llamada de atención al público que la animaba desde abajo (yo me tiré una vez y no lo volví a intentar del miedo que pasé). Mi padre era feliz viendo todas las heroicidades de su hija.

Ya con los ahorros de abogada, se compró una moto vespino, que manejaba estupendamente y que yo tampoco me atreví a usar.

Elisa se enamoró perdidamente de Luis Javier Benavides. Eran una pareja maravillosa. Elena y yo hicimos algún viaje con ellos y con Javier Sauquillo, Lola González Ruiz y Javier García Fernández “Panfle” y lo pasamos muy bien.

Cuando Luis Javier fue asesinado en el atentado de Atocha 55, Elisa sufrió mucho y durante largo tiempo. A veces nos decía a Elena y a mí que nunca encontraría a un chico igual. Afortunadamente años más tarde conoció a Javier Ramos, se casó con él y tuvo a su hijo Javi, el gran amor de su vida.

Javi ha tenido una actitud ejemplar desde el primer momento en que se detectó el cáncer de Elisa. Se ha volcado en cuidarla y acompañarla. Elisa repetía que su enfermedad le estaba permitiendo disfrutar de su hijo y que esto era lo mejor que le podía pasar.

Cuando la legalización de Comisiones Obreras, Elisa optó por irse a trabajar en la asesoría jurídica del Sindicato del Metal de CCOO. Allí permaneció unos años, hasta que las tremendas jornadas de trabajo le resultaban incompatibles con tener un hijo. Y decidió hacer las oposiciones a profesora de Formación Profesional, sacando el título a la primera.

Fue muy feliz siendo profesora hasta la jubilación y siempre tuvo muy buenas relaciones con las alumnas y alumnos. Escribió un libro de texto sobre legislación laboral que tuvo un gran éxito y varias reediciones, con cuyos ingresos pudo hacer viajes a países lejanos. Afiliada al Sindicato de Enseñanza de CCOO, participó muy activamente en las luchas sindicales de los años 80 y 90.

Elisa tuvo muchas y muy buenas amigas: Pilar Serra, Pilar Martin, Isabel, Trini, Carmen Ortiz, Lourdes, Pilar Gómez, Reyes, María José, Minuca, Mamen, Nieves, Asun, Ana Ferrer, Julia Carricazo…además de las mas recientes del Coro. Y también mantuvo su buena amistad con Elena, después del divorcio, lo que era algo que decía mucho de las dos.

En la niñez y luego en la vejez tuvo una estrecha relación con nuestras primas carnales, Lilis, Darío, Esperancita, Merche, Marisa, Asen, Luchina, Pelancha, Pepa y Malena. Con los primos hijos del tío José Antonio, algo mas mayores, tuvimos menos relación, pero si un cariño en la distancia y una coincidencia ideológica.

En su vida tuvo también espacio para dos perritas, Rufa y Nola, a las que adoraba y consentía todo.

Elisa congenió enseguida con Fernando, mi marido. Como si se conocieran de toda la vida y nos veíamos los tres con frecuencia y hablábamos mucho. Ella se reía mucho con Fernando y a él le encantaban las historias y anécdotas que Elisa contaba. Fue madrina de nuestra boda, junto con Olga.

Y la vejez de Elisa estuvo felizmente marcada por sus dos nietos Leo y Arlito. Desde que se enteró que su nuera Caitlin estaba esperando mellizos le cambió la vida. Cuando Elena y yo paseábamos con ella por Alcossebre y veía un carrito con dos bebes se paraba a hablar con los padres y les decía que ella iba a ser abuela de mellizos.

Disfrutó mucho con ellos. Jugó mucho con ellos. Continuamente pensaba en ellos, les compraba ropa, cuentos, juguetes, preparaba la comida que más les podía gustar y tenía numerosas fotos de ellos por toda la casa.

Y precisamente ahora, cuando ya con 6 años cumplidos podía tener mayor comunicación y dedicación a ellos, les ha faltado, aunque seguro que Leo y Arlito siempre tendrán un bonito recuerdo de su abuela.

Elisa nos deja un gran vacío y continuamente la echaremos de menos. Estará muy presente en nuestro pensamiento y en nuestros corazones.

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30 comentarios en “EN EL RECUERDO DE ELISA MARAVALL

  1. Hola Hector: siento mucho la muerte de tu hermana Elisa.
    Has hecho una semblanza maravillosa de su vida, en la queda patente tu cariño y todas las vivencias que habéis compartido y que siembre te acompañaran.
    Un abrazo muy fuerte

  2. Lo siento mucho Héctor, estaría muy orgullosa de las bonitas frases que has escrito para ella. DEP una luchadora incansable y para ti un abrazo.

  3. Tal como lo relatas, aunque da mucha pena, se colige que ha tenido una vida plena, para ella y para los demás, incluso una despedida a la altura de su generosidad . Lástima que no podamos este año intercambiar nuestros adornos navideños, otra gran afición de Elisa. En su recuerdo pondré una estrella preciosa y brillante en mi nacimiento

  4. Tal como lo relatas, aunque da mucha pena, se ve que ha tenido una vida plena, para ella y para los demás, incluso una despedida a la altura de su generosidad . Lástima que no podamos este año intercambiar nuestros adornos navideños, otra gran afición de Elisa. En su recuerdo pondré una estrella preciosa y brillante, como ella, en mi nacimiento

  5. Hola Héctor. Quiero enviarte un abrazo y mi sentimiento por la pérdida de Elisa.
    Fué una gran amiga y, desde hace años compañera de coro, donde disfrutamos mucho y compartimos muchos recuerdos y amigos comunes de la época de Atocha.
    Tu semblante me ha conmovido y, desde luego, me ha confirmado la gran, grandisima persona que ha sido Elisa.
    Esté donde esté, seguro que estará cantando.
    Un saludo

  6. En nuestro querido Coro nada será igual sin Elisa.
    Fuimos pioneras en 2014 y hasta ahora fieles a nuestro encuentro todos los lunes.

  7. Buenas noches, Héctor, acabo de ler lo que escribiste sobre Elisa. Es es un escrito muy cariñoso para una noticia muy triste. Te acompaño en el sentimiento. Un brazo desde Asturias. Pin.

  8. Querido Héctor,
    Siento mucho el fallecimiento de tu hermana. La semblanza que has escrito de ella nos transporta a aquella época de lucha, solidaridad, generosidad y amor por la vida.
    Mucho ánimo y un fuerte abrazo.

  9. Me he enterado muy tarde, pero eso no quita la gran pena que me produce su ausencia. Querida Elisa, un beso grande allá donde estés. Te echaré de menos mucho paseando por Alcossebre. Y un beso grande para ti, querido Hector

  10. Querido Hector: te conozco de referencias, especialmente por la fiel descripción de Elisa desde el amor y la complicidad de hermanos y tambien porque en mi vida laboral fui funcionaria del INSALUD, del INSS y de los Ministerios de Trabajo y Hacienda, y principalmente en las Entidades Gestoras de la SS en algunos años fuiste muy reconocido.

    Maravilloso el fiel recuerdo que haces de tu hermana. Por ello sé de su fallecimiento cuando hasta ayer esperaba que apareciera en el gimnasio recuperada.

    Conocí a Elisa en Derecho en los años 70 y nadie era indiferente a la firmeza de sus ideales y la gran valentía y esfuerzo para conseguirlos y defenderlos. Nos reencontramos en el viding hace pocos años, recordamos aquellos tiempos y nos pusimos al día de nuestras vidas. Todo lo que dices en su recuerdo siento conocerlo literalmente.

    No coincido contigo en «la vejez de Elisa». Ella se ha ido joven y con mucha vida por vivir . Ojalá que la muerte no sea el final!

    Un abrazo enorme . María José

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