ETICA, FRAGATAS Y EMPLEOS

Escribí el post que se puede leer a continuación el pasado 17 de septiembre. Hoy, tras haber conocido el debate en el Congreso de los Diputados, las increíbles declaraciones de la Presidenta de la Junta de Andalucía y las del representante del Comité de Empresa de Navantia de Cadiz, me ratifico plenamente en su contenido. La izquierda debemos mantener mantener la ética, la dignidad y los valores democráticos por encima de los intereses económicos. Me da verguenza reconocer que, aun siendo diferentes las consecuencias de una suspensión de ventas de armas en Alemania que en España, hoy me siento mas cercano a la posición de Angela Merkel que a la de Pedro Sanchez.

Si algo caracterizó al movimiento obrero desde sus orígenes en el siglo XIX, fue su espíritu de solidaridad internacional y su voluntad pacifista. Es verdad que, en momentos de extrema tensión internacional, como fue la Primera Guerra Mundial, en una parte de ese movimiento obrero, más vinculado a la socialdemocracia, prevaleció el sentimiento nacionalista sobre el internacionalismo. Como también es cierto que no siempre el movimiento obrero europeo ha sido lo suficientemente solidario con las luchas de los pueblos del Tercer Mundo.
Lo que yo nunca había visto, ni pensaba que iba a ver en mi país, era una manifestación de trabajadores, con sus representantes sindicales a la cabeza, cortando las carreteras protestando por la supresión de una venta de 400 bombas a una sangrienta dictadura, porque consideraban que estaba en peligro la realización de varias fragatas de guerra. Y encima un alcalde del sector anticapitalista de PODEMOS apoyándoles.

Sé que es un tema muy complejo y que no se puede pontificar sobre la situación de una comarca con elevados niveles de paro como es la Bahía de Cádiz, desde la tranquilidad de mis ingresos mensuales garantizados como pensionista. Aun y así voy a dar mi opinión.
En España la industria del armamento y de la construcción naval y aérea de carácter militar, con frecuencia en el sector público, ha mantenido muchos puestos de trabajo. Empresas en las que además han tenido siempre muy fuerte implantación los sindicatos de clase.

Un estado como el nuestro que tiene una industria limitada, deshacer de la noche a la mañana una actividad industrial, reconocida mundialmente por su calidad, sería una grave irresponsabilidad. Pero si es posible a medio y largo plazo ir generando una producción alternativa a la exclusivamente militar; pero esto hay que decidirlo y ponerse a ello con medidas concretas de reconversión y un horizonte temporal de 5, 10 o 15 años. Y mientras aprobar políticamente, es decir por el Gobierno y en su caso por el Congreso de los Diputados, unas exigencias básicas para el comercio de armamento con países no democráticos o en conflictos belicos con graves quebrantos de los derechos humanos.
Nada de esto se ha hecho. Llama la atención que, en la provincia de Cádiz, tras varios decenios de gobierno socialista en la Junta de Andalucía, no se hayan tomado medidas estructurales en la lucha contra los altísimos niveles de paro, más allá de fomentar el turismo e invertir en subsidios. Hubiera sido mucho mejor ver cortes de carretera exigiendo la inversión pública y la industrialización general de toda la provincia y no solo la defensa de una empresa (y de las auxiliares).

Y en este escenario surge el conflicto con uno de los pedidos de armas de Arabia Saudí. Nadie puede tener dudas del carácter represor de la dictadura saudí, hacia su población y muy en especial hacia las mujeres tratadas como animales, hacia sus inmigrantes, hacia la población LGTBI, hacia las minorías religiosas. Una dictadura financiadora de una u otra forma del terrorismo yihadista, y ahora una potencia que lleva años arrasando Yemen.
España, durante el franquismo tuvo buenas relaciones con los déspotas sauditas. La democracia no se ha quedado corta, de la mano del rey Juan Carlos han sido muy frecuentes las visitas y los negocios. Personalmente he sentido gran vergüenza de esas fotos amigables entre el antiguo monarca y los sucesivos déspotas, práctica que ha frenado, aunque no suprimido el rey Felipe VI.

La ministra Margarita Robles, una jurista de izquierdas, aunque a veces un poco atropellada, con toda razón cuestionó el contrato de las 400 bombas, suspendiendo su ejecución. Y tras su anuncia la movilización fue inmediata y diversa: la presidenta de la Junta de Andalucía, los trabajadores de Navantia y sus representantes sindicales, la oposición, los medios de comunicación de la derecha, supongo que el propio Felipe VI o algún enviado suyo y por supuesto el gobierno de la dictadura saudí. Entre todos l.Le han torcido el brazo a la ministra y a Pedro Sánchez.

Es evidente que una decisión con implicaciones de esa índole tenía que haber sido meditada mejor y haber preparado un plan B, que no fuera simplemente tragar las exigencias saudíes. Una metedura de pata de un gobierno que acaba de empezar y que trabaja en precario y en condiciones difíciles.

Y en estas aparece el ministro Borrell. Sus declaraciones sobre la inexistencia de daños colaterales con unas bombas superinteligentes, parecen salir directamente de los despachos y generales más ultras del Pentágono. Es horripilante que un ministro socialista diga esas cosas, eso sí que es un motivo político de dimisión y no la caza de brujas que le han montado a la ex Ministra de Sanidad con su master.
El resultado final de tanto y tan variado desatino, es que los dictadores saudíes seguirán masacrando a los yemeníes con armas fabricadas en España.
