LOS HERMANOS MARAVALL Y «LA SITUACION»



La pared de mi habitación daba con el cuarto de estar. Mis tíos y mis padres se reunían periódicamente a merendar en cada casa. Los niños entrábamos al principio a saludar y al final a despedirnos y comernos las pocas sobras de los aperitivos que quedaban.
El mundo de los mayores era un mundo alejado, al que solo empecé a tener acceso en nuestra casa de Xativa, gracias a que mis primos Casesnoves estaban a mitad de camino entre la generación de mis padres y la mía.
Desde mi cuarto empecé a escuchar, cada vez con mas interés, las discusiones de los Maravall. El motivo parecía que siempre era el mismo, lo que mi padre llamaba “la situación”.
No creo que hubiera importantes diferencias entre su opinión y las de sus hermanos José Antonio y Darío.
José Antonio y mi padre habían tenido puntos comunes en su trayectoria política e ideológica. Darío mucho mas joven, no estuvo implicado ni en la guerra civil ni en la inmediata posguerra.
José Antonio, que trabajó unos años en el Paris de los años 50 y que luego se situó en la orbita de Ortega y Gasset, empezó antes el distanciamiento de su pasado falangista, hacia actitudes mas definidas de oposición. En la Universidad de Madrid desde principios de los años 60 su actitud antifranquista era notoria.
El de mi padre fue un proceso de desencanto desde el ala social del falangismo, hacia la doctrina social de la Iglesia Catolica y de lo que representó Juan XXIII. Darío, por lo que he podido deducir de su hijo, tuvo una aproximación teórica al marxismo, que hacía compatible con un profundo miedo y aversión a la significación política.
Los debates eran vehementes. Los primeros que recuerdo fueron con ocasión de las huelgas de Asturias en el 61 y 62. Después con el movimiento estudiantil. El “contubernio de Munich”. La represión contra profesores, amigos de José Antonio y conocidos de mi padre.
Algo importante estaba sucediendo ahí fuera. Algo pasaba con “la situación”. Yo no sabía muy bien qué y las pocas veces que pregunté, me contestaron rápidamente, que eran cosas de los mayores.
Pero la política había entrado en mi casa y ya nunca salió de ella. Poco a poco en las charlas familiares después de cenar, empezamos a discutir de lo que pasaba en España y en el mundo.