MIGUEL GONZALEZ ZAMORA, QUERIDO MIGUELITO

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Biografía

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Publicado en CATEGORÍA:   Recuerdos.
  1 diciembre, 2018.
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A Miguel González Zamora muchos de sus amigos le llamábamos “Miguelito” y lo seguimos haciendo hasta hoy, cuando ha fallecido. No sé quién empezó ni cuando, pero acertó de pleno: era afable, cariñoso, entrañable, con una amplia sonrisa, muy buena persona. Nunca le vi irascible ni de mal talante, y eso que las injusticias políticas, sociales o del tipo que fueran, le producían una gran indignación y malestar.

Le conocí hace 52 años, en primero de Derecho. Nos hicimos amigos pronto; normal, en un curso de 900 estudiantes, los antifranquistas no llegábamos a la veintena, al menos los que teníamos actividad política. En segundo de carrera nos fuimos decantando, unos del FLP, otros más o menos anarquistas, también falangistas y carlistas de izquierdas, alguno próximo al PCE y luego estaban los “prochinos”, entre ellos Miguel.

Miguel estuvo en el Mayo Frances, de verdad, no de mentirijillas como tantos otros, lo que le dio una evidente aureola, por haber participado en la cúspide de las luchas estudiantiles de aquella época.

Al terminar la carrera, Miguel entró en el despacho laboralista de Lista, de Paquita Sauquillo, vinculado a la ORT. Paquita, además de ser la hermana de Javier Sauquillo, había sido mi abogada primero en la jurisdicción militar y después en el Tribunal de Orden Público y, junto con Gregorio Peces Barba, logró la hazaña de que nos absolvieran a los 9 procesados. Aparte de mi simpatía por Paquita, los laboralistas del PCE nos llevábamos muy bien con los del despacho de Lista. Así que la amistad con Miguel se mantuvo en esos duros años de salida a la superficie de los abogados de CCOO.

Miguel se casó con Rosa y recuerdo que en su boda muchos comentamos la suerte que había tenido,  con una chica tan joven, tan guapa, tan alegre y con tanta fuerza vital. Conservo una foto colectiva de los invitados a la boda, en la que por desgracia ya hay demasiadas ausencias.

Miguel se afilio al PCE, participó en uno de nuestros despachos y después se integró en la estructura confederal de CCOO. Era de los pocos, por no decir el único, de los técnicos que en aquella época sabía francés, por lo que trabajó en el ámbito de las relaciones internacionales. Y allí estuvo muchos años. Recuerdo algún viaje a Paris o a Bruselas en aquellas literas de los trenes en los que tardábamos 12 horas o más, como también recuerdo la buena interlocución que tenía con los sindicalistas franceses o de otros países. En uno de esos viajes hablamos largo y tendido del desmorone del “socialismo real” y de lo que iba a representar para quienes, aún desde el desacuerdo y la crítica, habíamos estado en el campo de la izquierda comunista.

Miguel no era dogmático y menos aun alguien que se callara las cosas. Decía lo que pensaba, con mucho énfasis pero siempre abierto a escuchar a los demás y de vez en cuando con un claro tono de sorna.

 Al final de su trayectoria en CCOO fue elegido presidente de la Comisión de Garantías, un puesto que siempre habían ocupado veteranos luchadores obreros del sindicato y que dice mucho del talante dialogante y negociador de Miguel y donde tuvo que verselas con algún tema muy complejo.

En los últimos años, ya jubilados los dos, nos seguíamos viendo en actividades del sindicato, en las tertulias de los veteranos sindicalistas y en las cenas de los antiguos abogados del PCE. Miguel era de los primeros que llegaba con su sombrero inconfundible, y también de los primeros que se marchaba, después de haber fumado varios cigarros, porque decía que ya no tenia edad para ir trasnochando. Hablando con él, trasladaba su inquietud y pesimismo por como iban las cosas para la izquierda y para el sindicalismo de clase en España y en Europa y le preocupaba a fondo la incomprensión de buena parte de la izquierda hacia el conflicto catalán.

Pero Miguel no era solo militante político y sindical. Tenía muy presente en las conversaciones a Rosa y a su hijo Miguel. A menudo hablaba de ellos, y recuerdo cuando nació su hijo, siendo ya madurito,  lo alegre que vivió su infancia. Miguel siempre cariñoso nunca se olvidaba de preguntarme por Elena mi mujer, por mis hijos y mi nieta.   Me hubiera gustado irme a despedir de él, jamás imaginé que su partida iba a ser tan rapidísima. Elena y yo pensábamos ir a visitarle el próximo lunes cuando regresáramos de Gijón. No ha sido posible y mucho que lo hemos sentido.

Ya no volveré a escucharle ese “Hola Hectori” con el que me saludaba cuando nos encontrábamos, ya solo Cristina Almeida me llama así.

Miguelito te recordaremos siempre. Rosa y Miguel, que vuestra pena se vea un poco aliviada por el cariño que tantos amigos le tuvimos.

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Un comentario en “MIGUEL GONZALEZ ZAMORA, QUERIDO MIGUELITO

  1. Miguel, con otros abogados, me defendió cuando me despidieron de la fábrica. El juicio se celebró en el otoño del 73. En julio y agosto del 73 ingresé varias veces en la clínica San Camilo para un parto imposible, porque mi hijo se negaba a nacer. En aquella clínica y en aquella espera del parto, hicimos varias reuniones para preparar el juicio. Éramos tan jóvenes y estábamos tan seguros de que cambiariamos el mundo, que nos atreviamos con todo. Nos seguimos encontrado los años siguientes porque Miguel estaba en el despacho de Lista y yo entré en el de Atocha. Años más tarde, en el 81, tuvimos que pleitear por la Amnistía Laboral. También estaba Miguel aunque mi caso lo llevó Ricardo Bodas. Desde el año 73, nos hemos encontrado en múltiples ocasiones. No siempre en las mismas posiciones, pero con Miguel, era más fácil llevarse bien que pelearse. Cada vez que alguien nos deja somos más conscientes de estamos en el final del camino. Para mi, el camino ha merecido la pena pero, sobre todo, quien ha hecho bueno el camino son los caminantes con los que he compartido alguna parte del trayecto. Gracias Miguel por el trozo de camino en el que coincidimos.

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