¿PARA QUIEN GOBIERNA DONALD TRUMP?
¿PARA QUIEN GOBIERNA DONALD TRUMP?

Tras seis meses de gobierno, a Donald Trump le gustaría presentar un balance de éxitos, de cumplimiento de promesas electorales, de haber avanzado en su objetivo de “Hacer América grande otra vez (MAGA)”. Pero la realidad no es exactamente esa, a pesar de su implacable sistema de propaganda y autobombo.
Es cierto que en este medio año Trump ha provocado graves problemas a nivel nacional e internacional, aunque hay que resaltar que sus frecuentes, numerosas y diversas amenazas, en bastantes casos se han quedado distantes de sus pretensiones.
Esas repetidas imágenes teatrales de firmar un día sí y otro también, disposiciones legales en su mesa del despacho presidencial, que tanto nos pueden sorprender a la ciudadanía de los países democráticos, acostumbrados a otros mecanismos mucho más participativos y sobre todo parlamentarios, hasta ahora no sabemos si han tenido la ejecución pretendida, porque además en determinados casos han sido seguidos por rectificaciones y aplazamientos y desde luego por su paralización parcial y/o temporal por la justicia norteamericana.
Como también se esta evidenciando una creciente resistencia de sectores de la sociedad americana, que en las primeras semanas de Trump se había quedado paralizados por la derrota de la candidata demócrata. Y en un país tan descentralizado como es Estados Unidos, se van sucediendo actitudes de rechazo por autoridades estatales o locales. Y para colmo el principal aliado y financiador de Trump, Elon Musk, se ha marchado dando un portazo e incluso amenazando con crear un nuevo partido de la derecha. Por no hablar de las fuertes presiones que ha tenido que ejercer Trump en sus congresistas y senadores para que le aprueben algunos nombramientos y disposiciones legales.
No, el primer semestre de Trump no ha sido un desfile triunfal.
Lo que desde luego no nos puede hacer olvidar los evidentes daños que ha producido en la persecución de los inmigrantes irregulares, en la supresión de fondos para políticas de solidaridad tanto en Estados Unidos como a nivel internacional, en el apoyo a la masacre israelí en Gaza o en el ataque a Irán, o la política vacilante ante la intervención de Rusia en Ucrania…
Los recientes acuerdos en materia de aranceles y de comercio internacional con China, Japón y sobre todo con la Unión Europea, pueden dar la sensación de que en esta importante materia Trump ha conseguido sus objetivos.
Es cierto que en especial la negociación con la Unión Europea ha sido mas bien negativa para los intereses europeos y además ha mandado un pésimo mensaje de debilidad a otros muchos estados con menor poder y capacidad negociadora, pero vamos a ver cual es el balance final de ese acuerdo que ha aceptado la Presidenta Úrsula Von der Leyen, por cierto, una política de centro-derecha, cuestionada por la extrema derecha y por la izquierda del Parlamento europeo.
Los aranceles por supuesto penalizan a sectores productivos europeos (y de otros países que también han aceptado subidas de aranceles), se incrementan los ingresos públicos del Tesoro Norteamericano, a la vez que facilita la exportación de su industria, pero también aumenta el precio para el consumidor norteamericano.
Llegados a este punto podríamos hacernos la pregunta ¿Para quién gobierna Trump? ¿A quién beneficia su a menudo errática política? ¿Lograra estabilizar los desequilibrios que viene arrastrando la economía estadounidense?
La mayoría de las clases trabajadoras, los millones de emigrantes amenazados, la población de origen africano que en buena medida sigue discriminada, los intelectuales, los creadores de cultura, los científicos, el feminismo, las minorías LGTBI…cada día van a sufrir mas abiertamente los efectos del trumpismo. Pero tendrán la ocasión de manifestar su oposición en las elecciones parciales de noviembre de 2026 y esperemos que ejerzan su voto contario al trumpismo.
Es evidente que determinados sectores económicos, grandes empresas, el capitalismo especulador, son claros beneficiarios del trumpismo, pero no es una hipótesis descabellada que un presidente tan ignorante, avaricioso, con un equipo de gobierno y asesores de tan bajo nivel puedan ser capaces de afrontar los problemas nacionales e internacionales de Estados Unidos. Por no hablar de la incapacidad que están teniendo para meter en cintura a Netanyahu y a Putin y no atreverse a desafiar a China.
Por otra parte, no debemos olvidar que en los 50 últimos años Estados Unidos ha ido de fracaso en fracaso en su política internacional, a pesar de las apariencias: Vietnam, Afganistán, Irak, Irán, ExYugoeslavia, Libia, Siria, los diversos conflictos en África Subsahariana y en el llamado “Cuerno africano” y ahora Ucrania y de nuevo Palestina. Trump prometio no meterse en mas aventuras belicas, pero no parece que vaya a conseguirlo, con las consecuencias que ello tendrá en buena parte de su electorado partidario del aislacionismo.
En los años 70 del pasado siglo, algunos intelectuales y teóricos marxistas plantearon que “el imperio norteamericano” estaba iniciando un lento pero imparable declive, como le pasó al imperio romano, al español, al británico o al austrohúngaro y que la derrota en Indochina era una primera señal. Un declive que puede durar décadas pero que gobiernos como el de Trump paradójicamente puede acelerar con sus caóticas políticas.
Por supuesto que no se trata de apostar sin más o esperar el declive norteamericano, que podría ser reemplazado por el imparable ascenso de China, lo que sería salir de “Guatemala” y entrar en “Guatepeor”.
Los demócratas, los progresistas, la izquierda de todo el mundo, debemos luchar por una sociedad avanzada socialmente, tecnológicamente, económicamente y en derechos civiles y contando también con la cooperación de todos los sectores progresistas de Estados Unidos y el potencial indudable de la sociedad norteamericana. Y ello pasa por no arrugarnos ante las ofensivas de Trump y trazar amplias alianzas internacionales que nos permita lograr el fracaso de sus políticas y la derrota de sus seguidores en las elecciones de 2028.
En este contexto los gobiernos de la Unión Europea deberían plantear a la Presidenta de la Comisión Von der Leyen, que es imprescindible matizar y corregir en todo lo posible el acuerdo con Trump.