EL EJEMPLO DE PEPE MUGICA PARA LA IZQUIERDA

EL EJEMPLO DE PEPE MUGICA PARA LA IZQUERDA
El fallecimiento de Pepe Múgica ha conmovido a la opinión progresista de todo el mundo, que ha reconocido su enorme talla política y moral, reconociéndole como una gran referencia de la izquierda del siglo XX y XXI.
Situar su figura en el revuelto y confuso panorama de la izquierda actual, requiere hacer una cierta referencia a lo que han supuesto los procesos progresistas y revolucionarios en la segunda mitad del pasado siglo XX en buena parte de los estados latinoamericanos, muchos de ellos pendientes desde la independencia en el siglo anterior.
Cambios que tuvieron muy distintas característica, algunos de ellos no lograron culminar en transformaciones profundas o no consiguieron estabilizarse como fueron los casos de Argentina, México, Bolivia o Perú, otros fueron interrumpidos violentamente con intervención directa o de respaldo de tropas o agentes norteamericanos como en Chile, Brasil, Republica Dominicana, Honduras, Isla Granada, Panamá, Haití, Guatemala, Puerto Rico y por fin otro, Cuba, aunque consiguió mantener la revolución, esta al cabo de los años no asumió la compatibilidad entre cambio socioeconómico y democracia política, derivando en un régimen autoritario.
Qué duda cabe que los fracasos unas veces fueron responsabilidad de la izquierda que no fue capaz de establecer un camino de transformación que convenciera a la mayoría de la población y otras veces fue la intervención violenta de la extrema derecha la que impidió el avance de los cambios progresistas.
De ahí el interés de conocer y aprender de las escasas experiencias positivas, como ha sido el caso de Uruguay.
La izquierda latinoamericana, conoció una importante presencia del marxismo revolucionario, de los partidos comunistas y socialistas de izquierda, pero también de tendencias populistas, como el peronismo argentino, de intervenciones militares nacionalistas y progresistas como en Perú o Bolivia. La influencia cubana fue patente en una clara actitud insurreccional, que en unos casos termino en tremendas derrotas y sangrienta represión, mientras que otros movimientos armados, si bien lograron acabar con dictaduras en especial en Centroamérica, después no consiguieron evolucionar hacia unas democracias avanzadas.
Colombia ha sido un país con una larga y dramática historia, en el que la izquierda ha estado bloqueada por las alternativas guerrilleras durante décadas y cuya evolución hacia las vías democráticas ha sido muy lenta y parcial, pero que finalmente ha ido logrando avances de presencia en el poder local y regional y finalmente en la Presidencia de la Republica, aunque con bastantes dificultades para estabilizarse e impulsar políticas de progreso socioeconómico y de paz y que habrá que esperar cómo evoluciona.
Y hubo cuatro procesos muy especiales con un final bien distinto.
El chavismo en Venezuela, que, si bien tuvo sus raíces en una movilización militar, durante la vida de su líder fue respetuoso con las instituciones democráticas, a la vez que desarrollaba medidas de cambio económico y social. Algo que paulatinamente se ha ido alterando a partir de la llegada al gobierno de su sucesor Nicolas Maduro.
Brasil ha sido un claro ejemplo de la evolución de la izquierda a tener muy en cuenta. Tras la aniquilación golpista del gobierno social democrático de Joao Goulart, una parte de la izquierda optó por la vía armada sufriendo la represión por la dictadura. Otro sector, vinculado al movimiento sindical, prefirió un camino de acumulación de fuerzas sociales, de aprovechamiento de la entonces escasísima legalidad, lo que facilitó la caída de la dictadura cada vez más debilitada. Lula y el Partido de los Trabajadores, con una inteligente y nada fácil estrategia de alianzas políticas y sufriendo muy inestables mayorías parlamentarias, han logrado gobernar de 2003 a 2010 y desde enero de 2023, (además de Dilma Rousseff de 2011 a 2016). A pesar de las maniobras político-legales contra Lula y Rousseff, incluido el encarcelamiento de Lula, este fue capaz de resistir cualquier tentación rupturista y volver a movilizar a las fuerzas progresistas del país, a trazar nuevas alianzas electorales y a ganar de nuevo las elecciones presidenciales. Lula es ya una de las grandes referencias históricas de la izquierda mundial, a pesar de los claroscuros de sus gobiernos y del funcionamiento a veces corrupto del Partido de los Trabajadores.
La experiencia de Chile, bien conocida, con la política de avance al socialismo desde las instituciones democráticas, por parte del gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, no fue capaz de desgajar a la Democracia Cristiana de la derecha radical y lograr una mayoría democrática, como tampoco logro controlar las actitudes radicales de una parte de los socialistas y del MIR, dando pretextos a los militares golpistas y al intervencionismo de la CIA. La sangrienta dictadura de Pinochet pudo ser superada al cabo de los años gracias al trabajo unitario de la izquierda comunista, socialista y cristiana, con los sectores centristas de la Democracia Cristiana. La izquierda chilena aprendió amargamente de los errores de la Unidad Popular y hoy es un país en que hay cierta alternancia de gobierno entre la derecha, el centro y la izquierda.
Y por último tenemos la experiencia de Uruguay, de gran importancia política, ideológica y moral y que en definitiva es un claro contraste con lo sucedido en el resto del Continente.
Uruguay, como es sabido, es un pequeño país que no llega a los 4 millones de habitantes, el 60% viviendo en torno a Montevideo su capital. En las primeras décadas del siglo pasado conoció un notable desarrollo económico, social, de derechos civiles y estabilidad democrática que la hicieron ser llamada “La Suiza de América”. Situación que fue deteriorándose poco a poco por la cada día mayor explotación y control de las multinacionales, surgiendo crecientes movimientos de protesta obrera y estudiantil.
A mediados de los años 60 se creó la organización de guerrilla urbana “Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros”, en el que se integró José Múgica con algo más de 25 años y que ya había militado en un grupo de orientación socialista. Hasta entonces había trabajado como agricultor dedicado al cultivo de flores. Tras haber participado en diversas acciones armadas, se vio obligado a pasar a la clandestinidad. Fue herido de bala seis veces, detenido cuatro veces y se escapó dos veces de la cárcel.
Con motivo de la dictadura cívico-militar instaurada en el país en 1972 fue apresado nuevamente, pasando 13 años en la cárcel. Su reclusión fue en condición extremas de tortura, malos tratos y soledad, siendo considerado como un “rehén” de la dictadura que seria ejecutado, junto con otros presos tupamaros, en el caso de que la organización guerrillera realizara nuevas acciones armadas.
Fue puesto en libertad en 1985 con el declive de la dictadura.
Los antiguos tupamaros renunciaron a la vía armada y crearon una organización política “Movimiento de Participación Popular” junto con otras pequeñas organizaciones de extrema izquierda, que posteriormente lo abandonarían alegando su creciente moderación. El MPP se integró en el “Frente Amplio”, una alianza creada a principios de los años 70, con un perfil desde el centro izquierda a la izquierda.
Múgica fue uno de los primeros cargos parlamentarios del MPP, en 1994 como diputado y en 1999 como senador, convirtiéndose en uno de los referentes mas populares del Frente Amplio, que gano por primera vez las elecciones presidenciales en el año 2005, siendo nombrado Ministro de Agricultura por el nuevo presidente Tabaré Vázquez. Abandono el cargo tres años después volviendo al Senado y a preparar su candidatura a la presidencia de la república, en el complejo proceso de designación de candidato del Frente Amplio y para facilitar el apoyo unitario del mismo renuncio a su vinculación orgánica al MPP. Finalmente fue elegido presidente por el 54’6% de los votos.
Los cinco años de su presidencia respetaron la pluralidad en el gobierno del FA y marcaron como sus prioridades: educación, seguridad, energía y medio ambiente, fijando además el objetivo primordial de la eliminación de la indigencia y la reducción de la pobreza en un 50%. Múgica las considero políticas de estado y propicio la colaboración de la oposición en los grupos de trabajo parlamentarios.
Disminuyo sustancialmente el desempleo y aumento de forma notable el salario mínimo. Se impulso el Plan de Integración Socio-Habitacional “Juntos”, se propuso legalizar y regularizar la venta de marihuana, una amplia reforma de la Administración Publica, la recomposición de las deterioradas relaciones con Argentina, un posicionamiento contrario a intervenciones militares en otros países del mundo, reconocimiento de la responsabilidad del Estado Uruguayo por los crímenes de la dictadura militar….
Múgica no se volvió a presentar a la presidencia, que fue nuevamente obtenida por Tabaré Vázquez y de nuevo fue elegido senador en las elecciones del 2015 y 2020, renunciando a la actividad política en octubre del 2020, debido a su edad (85 años) y al Covid.
Múgica vivió siempre en una pequeña y modesta granja en las afueras de Montevideo junto con su mujer, Lucia Topolansky, también antigua dirigente tupamara, largos años presa política, senadora y que llegó a ser vicepresidenta de la Republica; ambos se desplazaban en un Citroën 2 Caballos y entregaban el 90% de su sueldo a obras sociales.
El ejemplo político y moral de Múgica, su talante dialogante y respetuoso, su enorme cercanía con la población, la claridad y sinceridad de sus opiniones, la sencillez en su forma de vida, etc. Siendo una de las personas que más habían sufrido la dictadura, su actitud fue decisiva para la consolidación democrática de Uruguay y para el protagonismo de la izquierda en el gobierno del país.
Su vida ha sido un modelo para todas las personas progresistas del mundo, y muy especial, tanto el como su mujer Lucia, para los dirigentes políticos de la izquierda.