TRUMP CONTRA LA UNION EUROPEA

La derecha norteamericana, representada fundamentalmente por el Partido Republicano, tiene una amplia nomina de presidentes con una nefasta trayectoria y un perfil que resultaría difícilmente admisible en los estados con larga historia democrática. Richard Nixon, Ronald Reagan, George Bush Jr. o Gerald Ford, son algunos de ellos. Sin embargo, los cuatro citados, dentro de su extremismo anticomunista y neoliberal, tenían una cierta coherencia en sus propuestas políticas, y estaba claro que intereses defendían.
Donald Trump es otra cosa.
A Trump no nos lo tomamos en serio
Cuando anuncio su candidatura a la presidencia, pocos le tomamos en serio y menos con una rival sólida, aunque desgastada, como Hillary Clinton. A medida que avanzaba la campaña electoral, siguió siendo mayoritaria la incredulidad sobre sus posibilidades reales. Por fin cuando ganó las elecciones, numerosos analistas pronosticaron que una vez asumida la presidencia moderaría sus actitudes y se dejaría aconsejar por su gobierno, los congresistas y senadores republicanos, por los lobbies y grandes empresas de Wall Street, por los altos mandos militares….
Nada de eso ha sucedido. Es más en su año y medio de gobierno, ha ido poniendo y quitando con absoluta tranquilidad a todo aquel que no le seguía la corriente, aunque formara parte de su equipo y hubiera sido nombrado por él. Se ha enemistado con numerosos políticos del mundo, ha despreciado a poderosos magnates empresariales, se ha granjeado la enemistad casi general de los grandes medios de comunicación. Ningunea a los organismos internacionales, desvincula a Estados Unidos de acuerdos y pactos suscritos por gobiernos anteriores (incluidos los de gobiernos republicanos), no toma en consideración las sentencias de tribunales y fiscales y apenas se relaciona con su partido y sus representantes en el Congreso y en el Senado.
Y para remate sus declaraciones y sus twits no es que den vergüenza ajena, es que nadie podría imaginar que el presidente del todavía país más poderoso del mundo pudiera decir y escribir esa basura.

Quienes en los años 60 y 70 nos hicimos o fuimos influenciados por el marxismo, albergábamos la idea de que las clases dominantes imponían al frente de los gobiernos a quienes mejor defendían y velaban por sus intereses. Algo que en mayor o menor medida era evidente en los casos de los cuatro presidentes republicanos que he citado al inicio.
¿A quien defiende Trump?
¿A quien representa y defiende Trump en el tablero de las clases sociales e intereses económicos?
Es evidente que muchas de sus medidas están dictadas por posiciones extremistas: neoliberalismo sin contemplaciones, desregulación a tope, abandono de objetivos medioambientales, deterioro de las alianzas internacionales tradicionales de Estados Unidos, proteccionismo exacerbado de los sectores productivos menos dinámicos, respaldo a las posiciones mas reaccionarias de las sectas e iglesias protestantes, persecución de la inmigración, …
En otras palabras, Trump defiende, eso sí a su manera, los intereses mas retardatarios de la sociedad norteamericana y si fuera posible le gustaría regresar a la sociedad del siglo XIX, aunque utilizando las tecnologías de comunicación de nuestra época. Intereses que no son, ni mucho menos, los mayoritarios, ni los más dinámicos ni los con más futuro de Estados Unidos. Un personaje tan limitado intelectualmente como Trump no conoce ni entiende la globalización ni el multilateralismo. Es más, parece tener mas sintonía personal con dictadores como Putin o el de Corea del Norte que con sus socios de la OTAN.

La herencia de Trump: Norteamérica quedara mas aislada política y económicamente
La contrapartida de esa actuación es que su errática política comercial, de deteriorar las relaciones internacionales, de ignorar los equilibrios geoestratégicos, al menos a medio y largo plazo no van a favorecer ni a la economía norteamericana, ni al capitalismo mundial, ni siquiera a los intentos de frenar los riesgos del terrorismo yihadista.
Esa contradicción que resultaría inconcebible en la lógica marxista, solo parece explicarse por la desmovilización de los sectores progresistas y dinámicos de Norteamérica, que son muchos e influyentes: feministas, ecologistas, pacifistas, sectores religiosos, judiciales, universitarios, inmigrantes, minorías étnicas, colectivos LGTBI, intelectuales y artistas de cine, teatro y música, etc.etc. y la ausencia por el momento de una referencia atractiva en el Partido Demócrata que pueda unificar y proyectar políticamente el profundo descontento social.
Trump quiere destruir la Union Europea
El ultimo y gravísimo paso de Donald Trump ha sido manifestar sin reparos, lo que siempre han pensado los extremistas norteamericanos (y que ningún político relevante se había atrevido a declarar públicamente), que el gran enemigo de los Estados Unidos es la Unión Europea y que su objetivo es su desaparición. Mas claro agua. Y para ello cuenta con crecientes apoyos en la propia Unión Europea, desde los gobiernos ultra derechistas de Polonia y Hungría y ahora Italia, a los partidos populistas, xenófobos y nacionalistas que proliferan y crecen en Europa. La Unión Europea es el reverso de todo lo que significa Trump y sus partidarios, por ello quieren acabar con esa referencia de progreso político, económico y social.

Estamos advertidos. Hay que tomarse en serio las amenazas de Trump y actuar en consecuencia. Afortunadamente el nuevo gobierno de nuestro país apuesta claramente por el fortalecimiento y cohesión de la Unión Europea.