UNAMUNO Y AMENABAR

HectorMaravall HectorMaravall
Biografía

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Publicado en CATEGORÍA:   Música y Cultura.
  27 octubre, 2019.
HectorMaravall ha escrito 102 entradas.

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De niño y adolescente la figura de Miguel de Unamuno me resultaba fascinante. En la librería de mi padre, había una abundante presencia de los escritores de la generación del 98 y muy en especial de Unamuno. Pero quien realmente me lo descubrió fue mi profesor de literatura de segundo de bachillerato.

El padre Juan Navarro era un sacerdote poco común. Alicantino y por tanto de espíritu mediterráneo, amante de la música (gracias a él escuché por primera vez a Oscar Esplá y su “Nochebuena del diablo” que nos puso varias veces en clase), de la fotografía, y de la literatura. Era muy joven y supongo que se sentiría poco motivado por la vida que llevaba. Tenía especial predilección por mi amigo Alfonso López Lago y por mí. Algunos jueves por la tarde nos llevaba al Retiro, al Museo del Prado, a pasear por el Madrid de los Austrias.

Nos pidió a todos sus alumnos que hiciéramos un trabajo sobre algún autor de la generación del 98. Me preguntó por los libros que tenía de Unamuno en mi casa y me sugirió que escribiera o sobre “El sentimiento trágico de la vida” o sobre “El Cristo de Velázquez”. Con 11 años me resultó inaccesible escribir sobre el primero y me centré en el segundo, aprovechando además que se basaba en un cuadro que había visto varias veces en el Museo del Prado.

Le gustó mi trabajo. Desgraciadamente lo he perdido, como tampoco conservo el libro.

Es curioso que al padre Juan Navarro le interesara Miguel de Unamuno, con una trayectoria vital tan compleja y desde luego muy alejada del pensamiento y de la práctica católica tradicional. A principios de los años 60 Unamuno seguía siendo un escritor hereje para la sociedad conservadora y franquista.

Su juvenil compromiso socialista, su valiente y firme oposición a la monarquía de Alfonso XIII, su participación en el Congreso de los Diputados de la Segunda República o su rechazo al inicial apoyo a la sublevación militar del 18 de julio de 1936, eran rasgos, que aun sin comprenderlos bien a mi edad, me resultaban muy atractivos. Con los años conseguí leer algunas de sus novelas más “fáciles”, aunque después mis gustos evolucionaron hacia Valle Inclán y sobre todo Pio Baroja.

Y casi 60 años más tarde el director de cine Alejandro Amenábar recupera la figura de Unamuno en una película que me ha parecido excelente.

Amenábar, que no es precisamente un autor muy prolífico, hace un cine que podrá gustar o no, pero que se sale de los caminos trillados y en el caso de esta última película suya, “Mientras dure la guerra”, se centra en unos personajes y en un escenario nada fáciles de describir.

Es una película sumamente respetuosa con la realidad histórica, pero que ha levantado críticas por ser considerada excesivamente objetiva y hasta neutral, objeción que no comparto. Hubiera sido un fraude manipular la opinión de Unamuno sobre la evolución de la II Republica o su respaldo inicial a la sublevación militar. Unamuno, como Ortega y Gasset y otros intelectuales que habían luchado contra la monarquía, se distancio profundamente de la Republica, criticándola con dureza.

Unamuno es retratado como lo que fue, una personalidad intelectualmente brillante, terriblemente ególatra y soberbia, con frecuentes dudas y cambios de opinión, difícil para la convivencia…pero finalmente honrado y coherente con sus principios humanistas. Unamuno no vuelve al bando republicano, pero rompe tajantemente con el bando franquista, de ahí la soledad e incomprensión que su actitud despertó en un tiempo que había que tomar partido.

Amenábar relata con gran acierto la trayectoria en esos primeros meses de la sublevación la evolución por una parte de Unamuno y por otra de los militares sublevados y en especial de 3 personajes claves, Millán Astray, el general Cabanellas y sobre todo en Franco y su entorno familiar, todo ello enmarcado en un contexto de brutal represión.

La película refleja muy bien las vicisitudes de la cúpula militar sublevada. Cabanellas masón, liberal y republicano, que se subleva con la bandera republicana y que, aunque no comparte la evolución del alzamiento y su deriva dictatorial, finalmente por miedo se pliega a las presiones y amenazas de los sectores más extremistas; Millán Astray, un violento fascista en estado puro y Franco, un personaje taimado, calculador, muy cuestionado entre sus propios compañeros, que ante todo vela por sus ambiciones personales apoyándose en su hermano.

Esa progresión en paralelo de las dos historias quizás sea uno de los más grandes aciertos de la película.

El otro gran acierto son los actores. Todos están magníficos, pero los dos protagonistas, Karra Elejalde y Eduard Fernández, cuyas trayectorias artísticas han ido creciendo imparables con el paso de los años, realizan un trabajo fuera de serie, que serían muy merecedores de un Goya.

Por último, la ambientación está muy lograda, contando claro esta con la inestimable ayuda del patrimonio arquitectónico de una ciudad tan maravillosa como Salamanca.

En definitiva una película más que recomendable.

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